Un compromiso con la eficiencia
AUTORA: Ana María Alasia. Secretaria de cámara de apelaciones de Rosario.
Quisiera comenzar diciendo que son escasos los estudios empíricos sobre la realidad de la administración judicial, es decir, referidos a la organización de los juzgados. Poco se sabe de la eficacia y racionalidad de las múltiples relaciones que se establecen en un juzgado y de la incidencia, en la tarea cotidiana del mismo.
Sin los conocimientos detallados y sistemáticos sobre esta realidad de experiencia de nuestros tribunales, es muy difícil implementar acciones para lograr una administración de justicia eficaz, con un empleo económico de los recursos disponibles. Por mi parte, considero que promover estas investigaciones empíricas contribuiría a conocer en detalle esa realidad y a realizar una revisión crítica que posibilite una organización más eficiente de las tareas cotidianas.
Quisiera destacar que, según mi criterio, debemos entender que “eficiencia” es igual a organización, ¿y cómo se logra ésta?: A través de pautas de trabajo consensuadas entre juez y secretario, con el fin de que exista uniformidad de criterios en cuanto a las mismas.
El estudio de las relaciones entre el juez y el secretario del juzgado, ha sido generalmente hecho en términos conceptuales, en base a las disposiciones establecidas por los códigos procesales, por los reglamentos y por las acordadas. Tanto o más importante que ese estudio lógico – dogmático de las relaciones entre el juez y el secretario, resulta la investigaci ? n empírica para conocer cómo se dan esas relaciones en la realidad, cómo se comportan, de hecho, el juez de primera instancia, el secretario del juzgado y sus colaboradores.
Las tareas del juez y del secretario no son independientes y ajenas las unas de las otras; por el contrario, son tareas relacionadas, mutuamente implicadas en el desarrollo de la función judicial.
Estoy convencida de que las pautas de trabajo consensuadas entre ambos funcionarios y que contribuyen a la eficiencia son:
- Considerar que el juzgado es un todo, un conjunto.
- Que al personal se le debe asignar una tarea específica
- Que, además, se lo debe capacitar para otro tipo de trabajos con el fin de cubrir las ausencias que se puedan producir en cualquier ámbito del juzgado.
- Que se debe instaurar una cultura del trabajo que priorice la coordinación y dedicación por igual de todos los integrantes, incluido el juez, por cuanto si alguno de los elementos de este proceso se atrasa, el objetivo no se logra.
¿Y CUÁL ES EL OBJETIVO?
Sin lugar a dudas, el objetivo fundamental es tener el despacho al día, con excepción de las cuestiones que requieren estudio, lo que se traduce en resultados concretos como los siguientes:
- Para el profesional: que su expediente esté en casillero al día siguiente.
- Para el personal de Mesa de Entrada y en general: evita la búsqueda de expedientes atrasados
y los variados reclamos que dicho atraso produce; lo cual genera, a mi entender,
descongestionamiento de gente, al igual que la precisa y completa información que debe
mostrar el sistema informático al dar el estado procesal del expediente y su correcta ubicación.
- Para el Secretario: menor afluencia de profesionales en los despachos al desaparecer uno de
los motivosprincipales de ingreso, cual es preguntar por su causa.
Con referencia a esto quiero agregar que, logrando estos objetivos, la atención del secretario se
circunscribe sólo a recepcionar las audiencias, controlar poderes, fianzas y alguna que otra
consulta sobre decretos del tribunal, permitiéndole colaborar con el juez en la realización de
resoluciones.
Julio César Cueto Rúa, en su libro “Una visión realista del derecho”, establece cinco tipos de
relaciones entre juez de primera instancia y secretario: relación de cooperación, relación de
dependencia, relación de sustitución, relación de aprendizaje y subordinación y relación de
competencia. Con respecto a la de colaboración, que es la que postulamos, dice:
“La vigencia de la relación de cooperación pronto se exterioriza en la tarea cotidiana del juzgado.
Los juicios “andan”, el juzgado funciona regularmente, los empleados rinden; el despacho se
encuentra “al día”; las sentencias y los actos interlocutorios no quedan demorados en el
escritorio del juez. Se vive una convivencia pacífica en el seno del juzgado. El juez y el secretario
se identifican por sus intereses comunes: el uno deposita su confianza en el otro y éste se
compromete en lograr el éxito del esfuerzo conjunto. Así, crece un clima de orden y seguridad
en el juzgado. Las partes pueden predecir con razonable certeza el desarrollo probable del
trámite y sentirán sus intereses protegidos por la neutralización de perturbaciones.
Cuando se da la relación de cooperación, se vive un esfuerzo armónico en beneficio de los
litigantes y de sus letrados. Pero, desafortunadamente, son comunes las otras relaciones, cada
una de ellas con sus limitaciones o dificultades. Éstas no le hacen bien a la administración de
justicia”.
Tal vez parezca que todo lo expresado sea de difícil realización, sin embargo, si bien los
resultados no son inmediatos, merece la pena emprender el camino, ya que mediante el
esfuerzo diario se logra la meta sin lugar a dudas. El COMPROMISO de todos los actores
involucrados en el juzgado es ya un comienzo de REALIZACIÓN.
No debemos esperar que las cosas se solucionen mágicamente: el número de casos que
ingresan a nuestro sistema judicial no disminuirá y una reforma integral de la administración de
la justicia para hacerla más rápida dotándola de tecnologías adecuadas, menos onerosa, más
certera y predecible no es sólo una cuestión de reducción de pasos procesales ni de reforma de
reglamentos. Desde nuestro lugar de trabajo, el juzgado, podemos contribuir al ideal de justicia
aristotélica: la justicia como racionalidad, la justicia de la igualdad y la justicia de la
proporcionalidad. Detrás de esos expedientes que entran y circulan todos los días por nuestros
juzgados no hay sólo papeles: hay sujetos como nosotros, con nombre y apellido, con historias
de vida y con toda la gama de conflictos que entrañan las pasiones humanas.
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